Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo, MAAC. Guayaquil, Ecuador.
Serie fotografías a color, registros acción performática.
Misoginia desarrolla una acción performática en la que la artista crea impresiones a partir de distintas partes de su cuerpo utilizando pintura roja sobre diversos tipos de tela blanca, todas de un mismo formato.
El proceso se despliega como una huella corporal y simbólica, donde el gesto repetitivo de imprimir el cuerpo tensiona ideas de memoria, violencia, identidad y visibilidad. La acción es registrada mediante fotografía y video, soportes que documentan tanto la dimensión física de la performance como su carga ritual y autobiográfica.
Esta acción nace de un sueño en el que el cuerpo aparecía desbordado por su propia sangre menstrual: un fluido y un color históricamente censurados, relegados al territorio oscuro del pudor, una construcción moral y religiosa que ha impuesto formas de control sobre las corporalidades femeninas. Esa noción de vergüenza se instala desde la infancia, cuando comenzamos a reconocer una materia ya cosificada, expuesta incluso antes de nacer al deseo, la violencia y la mirada masculina.
La performance se sitúa dentro de los procesos creativos de Gabriela Carmona como un punto de inflexión hacia una experiencia de mayor libertad. Emerge desde un desplazamiento que transita de los envoltorios y velamientos hacia una presencia más abierta y consciente, concebida como una reconciliación íntima con su propia existencia física. Desde allí, la obra transforma aquello que históricamente ha sido ocultado en un gesto de visibilidad, afirmación y emancipación simbólica.
En relación con esta obra, la socióloga Romina Gálvez escribe:
“La performance Misoginia de Gabriela Carmona desborda simbólicamente cómo el cuerpo de la mujer es un aparato social que transita a través de manchas de color rojo. El color rojo posee una carga figurativa indiscutible; es color de fuego, vida, de menstruar, de parir, del eros, manifestando la materialización del camino de una mujer que se observa y se autorreconoce.”
Desde esta perspectiva, la acción articula una reflexión sobre el cuerpo femenino como territorio simbólico y político, atravesado por imaginarios de control, vergüenza y violencia, pero también por la posibilidad de reconocimiento, emancipación y transformación.