Un ejercicio de insubordinación epistémica
Embodying knowledge through Latin American performance
An Exercise of Epistemic Insurbordination
https://revistas.academia.cl/index.php/actos/article/view/2922/2929
Resumen:
El presente ensayo se plantea a partir de las siguientes preguntas de investigación: ¿Cómo la performance latinoamericana produce y transmite conocimiento? ¿De qué manera la performance latinoamericana construye nuevas subjetividades e imaginarios que hablan desde la herida colonial y permiten liberarse de la teoría del conocimiento instalada en y por la Academia? ¿Cómo el saber podrá estar encarnado en seres (mujeres) que, para el imaginario eurocéntrico, han sido considerados ontológicamente inferiores?
Este texto propone reflexionar sobre la producción de conocimiento corporeizado y transmitido a través de las prácticas performáticas feministas latinoamericanas, con el fin de cuestionar las formas hegemónicas instaladas en la Academia, tanto en la concepción de arte como en los modos de producción y transmisión del conocimiento.
Hoy, frente a tales rasgos, y desde un paradigma descolonial, emerge una historia latinoamericana que busca subvertir las formas de pensamiento y las estructuras de poder que persisten, para reconfigurar las epistemologías dominantes. Las acciones performáticas de artistas feministas latinoamericanas suponen una toma de posición ante la violencia colonial ejercida sobre los cuerpos, proponiendo -mediante nuevos códigos estéticos y ético-políticos- otras formas de producir conocimiento desde el arte y a través del cuerpo.
Palabras claves: Cuerpo- Epistemología- Colonialidad- Descolonialismo- Performance
Abstract
This essay is guided by the following research questions: How does Latin American performance art produce and transmit knowledge? In what ways does Latin American performance art construct new subjectivities and imaginaries that speak from the colonial wound and allow liberation from the theory of knowledge established in and by the Academy? How can knowledge be embodied in beings (women) who, in the Eurocentric imaginary, have been considered ontologically inferior?
This text proposes a reflection on the production of embodied knowledge transmitted through Latin American feminist performative practices, with the aim of questioning the hegemonic forms established in the Academy, both in the conception of art and in the production and transmission of knowledge.
Today, in the face of these characteristics and from a decolonial paradigm, a Latin American history emerges that seeks to subvert the persistent forms of thought and structures of power, in order to reconfigure dominant epistemologies. The performative actions of Latin American feminist artists imply a stance against colonial violence exercised upon bodies, proposing—through new aesthetic and ethical-political codes— other ways of producing knowledge form art and through the body.
Keywords: Body – Epistemology – Coloniality – Decolonialism – Performance
Introducción
La modernidad es el nombre del proceso histórico mediante el cual Europa inició su camino hacia la hegemonía, mientras que Latinoamérica existe únicamente como consecuencia de la expansión colonial europea y de los relatos que dicha expansión produjo desde el punto de vista europeo, es decir, desde la perspectiva de la misma modernidad, tal como expone Walter Mignolo (2005).
Para Aníbal Quijano (2019), este control se impuso a través de la violencia y explotación, justificadas por los discursos de la salvación, el progreso, la modernización y el bien común. Se legitimó así una posición ideológica jerárquica frente a otras culturas, considerándolas inferiores, incluidos sus saberes, creencias y a los propios sujetos. El continente fue absorbido y apropiado, y desde entonces Occidente ha tenido el privilegio de contar con las categorías de pensamiento desde las que describe, clasifica y hace progresar al resto del mundo (Mignolo, 2005). Este marco resulta determinante para comprender también las prácticas culturales y artísticas que, como veremos a continuación, se inscriben en dichas jerarquías epistémicas.
Desde el análisis de Andrea Giunta (2020), puede entenderse que la geopolítica del poder cultural colocó a la Academia en el lugar de productora de teoría, con el poder para analizar, legitimar y difundir el conocimiento, subordinando toda forma no occidental. El paradigma occidental estableció una distinción jerárquica de la mente sobre el cuerpo, y del conocimiento racional y verdadero sobre el hacer material y efímero, como plantea María José Contreras (2019). Esta hegemonía se reflejó también en el campo de las artes visuales sobre la idea misma de corporalidad y su vínculo con el conocimiento. La posición privilegiada de la Academia resulta central para comprender el argumento de este texto, pues legitima y consolida un marco de saberes hegemónicos que, como se propone, la performance feminista latinoamericana busca cuestionar mediante la acción corporal, afectiva y situada.
José Francisco García (2014) en El cuerpo y sus expresiones, sostiene que el cuerpo fue considerado, hasta la primera mitad del siglo XX, una suerte de excedente epistémico al que no se prestaba atención, salvo como cuerpo-máquina sometido a un control disciplinario orientado a la búsqueda de su eficacia. Desde entonces, los siglos de privilegio de la escritura por encima de los conocimientos corporalizados han consolidado al documento escrito como forma hegemónica de transmisión del conocimiento, otorgándole el poder de legitimar dichos conocimientos.
En este mismo período, en la historia del arte -otro relato occidental que ha tenido el privilegio de definir el canon y determinar qué es arte- se produjo una ruptura epistemológica en la concepción misma del arte, donde el objetivo principal dejó de ser la creación de un objeto, para pasar a centrarse en el acontecimiento, es decir, en la acción y el modo en que produce efectos en el momento en el momento mismo de su realización, tal como describe Josefina Alcázar (2014). A partir de este quiebre, resulta pertinente cuestionar críticamente el lugar otorgado al cuerpo dentro de las epistemologías artísticas, para explorar las posibilidades de su agencia cognoscitiva en la producción de conocimiento estético y político.
A partir de esta perspectiva, el presente ensayo indaga cómo la performance[1] latinoamericana ha buscado ampliar el horizonte epistémico del cuerpo, validando los conocimientos generados por y a través de él, considerándolo no como objeto de estudio, sino como agente cognoscitivo capaz de producir saberes bajo otras lógicas que exceden el lenguaje verbal/escrito y las codificaciones matemáticas que ha privilegiado la ciencia moderna. Esto con el fin de no responder a una validación del conocimiento sustentado por la estructura cientificista de la ontología occidental (Contreras, 2019).
Es relevante tensionar el lugar de la Academia en este análisis, en tanto ha operado históricamente como un espacio legitimador de saberes eurocéntricos y como reproductor de jerarquías coloniales del conocimiento. Cuestionar el rol académico permite abrir la discusión sobre otras epistemologías posibles, aquellas que se construyen desde la experiencia sensible, la corporalidad y los afectos, ámbitos históricamente deslegitimados por la estructura institucional dominante. Por ello, el presente trabajo sitúa la performance feminista latinoamericana como una forma de construir conocimiento corporeizado y como vía para disputar esas hegemonías, expandiendo el horizonte de lo cognoscible más allá de los parámetros institucionales.
El conocimiento corporeizado se refiere a formas de saber que no pasan exclusivamente por la racionalidad discursiva emergen desde la experiencia vivida, la sensibilidad, la percepción y la acción encarnada, es decir, desde la manera en que el cuerpo siente, actúa y se relaciona en su entorno, como desarrolla Merleau-Ponty (2008) en Fenomenología de la percepción.
Esta perspectiva sostiene que el cuerpo no es solo objeto de representación y un simple receptor de discursos, sino un agente que piensa, recuerda y significa; capaz de generar y transmitir significados a través de sus acciones, potencia afectiva y memoria (Fischer-Lichte, 2011). En diálogo con ello, Sarah Ahmed (2024) plantea que los flujos afectivos que circulan entre cuerpos pueden comprenderse como movimientos de intensidades emocionales, produciendo transformaciones subjetivas y sociales. La performance, al activar estos flujos, posibilita la transmisión de saberes no codificados únicamente de forma racional, sino también de forma sensible y afectiva, ampliando así los marcos epistémicos tradicionales.
La performance latinoamericana se resiste al conocimiento sistematizado de Occidente, lo que posibilita desdibujar las genealogías que actúan como ejes reguladores. Se propone desde ahí, visibilizar la especificidad de esta forma de producción artística, donde se observa la consideración de una geopolítica y una política corporal de saber no imperialista y decolonial (Mignolo, 2005), que busca expulsar de su seno la mentalidad en las que se apoya el espíritu colonialista (Giunta, 2020).
Desde esta perspectiva de resistencia epistémica, la primera sección del texto abordará cómo el arte recupera su sentido político y se vincula con las problemáticas sociales contemporáneas que atraviesan al ser humano. Desde allí se busca desmantelar la comprensión moderna que concibe el arte -dentro de la Academia- únicamente como objeto de estudio y no como sujeto productor de conocimiento a partir de lo experiencial.
A continuación, se desarrollará el giro epistémico en las artes visuales, articulado por las prácticas artísticas que evidenciaron el potencial de agenciamiento del cuerpo y su capacidad para producir conocimientos y recuperar sus saberes. Desde así, resulta fundamental observar cómo determinadas prácticas performáticas latinoamericanas, situadas en coordenadas geopolíticas concretas, despliegan estrategias de insubordinación discursiva que amplían las posibilidades del saber.
A partir de estas estrategias de insubordinación epistémica y la recuperación del cuerpo como agente cognoscitivo, se tomará como caso de estudio las acciones performáticas de la artista visual chilena Gabriela Carmona Slier (1980), que darán cuenta cómo, desde su lugar de enunciación situado en Latinoamérica y a partir de una propuesta feminista de giro decolonial[2], ha realizado acciones que interpelan el privilegio del saber asignado a ciertos productores de conocimiento y negados a otros, tal como sostiene Chiara Boticci (2022). Estas acciones permiten, abrir la discusión sobre las posibilidades de la performance feminista latinoamericana para transformar las matrices epistemológicas heredadas de la modernidad, la cual se caracteriza por articular cuerpo, memoria y denuncia política desde un lugar de enunciación históricamente atravesado por la violencia colonial y patriarcal.
En esta línea de análisis, finalmente se argumenta cómo la performance latinoamericana ha propuesto otras formas de producir y transmitir conocimientos, desprendidas de las genealogías de la modernidad distintas a la mirada objetivante y la escritura distante; apuntando a la descolonización del saber y del ser[3] al reivindicar el cuerpo como sujeto de conocimiento (Quijano, 2019). La práctica performática latinoamericana de giro feminista se diferencia de otras corrientes del arte feminista global en tanto propone resignificar genealogías de opresión específicas del Sur, integrando estrategias de resistencia comunitaria, ritualidad y afectividad situada. Su fuerte impronta política de denuncia y de resistencia a las violencias sistémica de la región, son aspectos que permiten comprender la especificidad de esta.
[1] Se entiende por performance las acciones sobre o desde el cuerpo en vivo, ceñidas al área de la producción artística, donde se negocian las relaciones e intersubjetividades (González Castro, 2016).
[2] El concepto "Decolonial" se refiere a un enfoque teórico y político que se centra en criticar las narrativas dominantes de la modernidad basadas en una visión eurocéntrica del mundo que subordina y marginaliza a otras culturas y formas de conocimiento. Propone la desarticulación y la superación de las formas de pensamiento y las estructuras de poder que persisten después del período colonial y descolonizar tanto el pensamiento como las prácticas sociales, reconociendo la diversidad de formas de conocimiento y valorando las epistemologías y las cosmovisiones de los pueblos colonizados.
[3] Quijano (2006) propone las categorías “colonización del saber” y “colonización del ser” para comprender como la colonialidad ha sido una matriz de poder que domina y desautoriza a las personas racializadas dejando en ellos uno de los legados más profundos del colonialismo que fue la internalización de un sentimiento de inferioridad que afectó la identidad y subjetividad de los individuos colonizados, lo que aún persiste.